Esta vez quiero contarles sobra una de las cosas que mas me ha marcado en mi vida. Y no hablo precisamente de un evento triste, sino más bien de una "enfermedad".
No recuerdo con exactitud en que momento empezo el padecimiento pero estoy segura de que aún era muy chica.
Un simple dolor de cabeza me hacia sentir de la fregada, me daban naúseas, sentía que me movían el piso y lo que mas anhelaba en esos momentos era estar sola, en silencio y en las penumbras.
Mi familia y yo nos contetabamos cuando tomaba una simple pastilla para el dolor, que debo admitir, nunca menguo el martirio.
Al llegar a la secundaria los dolores siguieron presentes y mas de una vez mis conocidos fueron testigos de mi tortura. Insistían en llevarme a la enfermería pero me rehusaba (malos recuerdos de ese sitio) a fin de cuentas el dolor solo estaba presente una o dos clases y después estaba bien.
No había que darle mayor importancia, un dolor de cabeza a cualquiera le da, ¿cierto?
Las cosas se pusieron realmente feas cuando llegue al bachillerato.
La intensidad y la frecuencia en que me asaltaba la molestia aumento.
Muchas veces llegué alzar la voz a las personas de mi alrededor con tan de que me dejarán en paz y desistieran de sus intentos de llevarme a la enfermería.
Mi familia, como hasta entonces, se contentaba con darme una pastilla para el malestar.
Pero un día, jodido día, todo lo que le puede pasar a una persona se me complico ese día.
Las naúseas comenzarón, el piso se movía (llegue a pensar que temblaba, pero todos estaban tan tranquilos), mi vista se nublaba de a poco sin dejarme ver nada; mi conocido malestar se hizo presente acompañado de un extraño entumecimiento en mis miebros y de escalofríos.
Recuerdo que ese día que apenas rozaban mi cabeza soltaba alaridos de dolor.
Entre dos me llevaron a rastras al lugar que siempre rehuía, la enfermería.
Me hicieron una serie de preguntas, desde si había tenido algún resfriado hasta lo que había comido ese día.
El doctor con unas simples preguntas me diagnostico principios de migraña pero que lo mejor era que fuera con mi médico de cabecera para me hiciera los estudios necesarios.
Mi madre era la mas ingenua en ese aspecto, no creía que fuera migraña, debía ser que me estaba resfriando, que no comía bien (ya saben, hipotesis de madre) o que no había dormido bien. El punto fue que me llevo al médico y me paso a neurología.
Las mismas preguntas que ya me habían hecho, algunas pruebas y el diagnostico fue efectivamente migraña.
Para mi fue como un balde de agua helada. No era que significara que tuviera una "enfermedad terminante" (¡Kami, que nunca lo deseo!) pero si fue algo que me hizo sentir realmente triste, sentía que con esto mi cálidad de vida se degradaba y me sentía condenada a los medicamentos por siempre (¡hacerme dependiente de un farmaco!)
Mientras escribo esto apenas me estoy recuperando de un ataque que sufrí hace dos días (si, cada vez la recuperación es mas tardada) el tratamiento ya no lo tomo pero supongo que debo de ir a que me lo den otras vez *suspiro* también he tomado medidas he reducido el consumo de mi amado café y chocolate (es lo peor que me pudieron haber hecho)hago ejercicio (pero en mi vida vuelvo a usar el aparato eliptico. Para que se den una idea, recuerden el aparato en que se entreno Eiji para umentar su resistencia) y trato de consumir pescado mas seguido.
No trato de traumarme y seguir con mi vida lo mas normal posible, lo realmente interesante de todo esto es que la música "ruda" me calma el dolor (si, es raro pero algo que descubrí gracias a mi koi) y si el dolor no pasa no importa, siguió escribiendo lo que mis pocos pensamientos coherentes me permiten (eso explica muchas cosas ahora que lo pienso)
La moraleja de esta historia para ustedes es, la próxima vez que tengan un dolor de cabeza no lo pasen por alto. Tomen en cuenta su duración y su intensidad. Los síntomas antes y después del mismo. Detectar la migraña significa poder tratarla e impedir que con el tiempo se vuelva un epedimento en sus vidas diarias.
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